Carlos Guzmán

El estilo de Guzmán cruza más por la Europa medieval y renacentista que por la Cuba caribeña y multirracial, las ideas para gran parte de las creaciones brotan de la niñez, de montones de relatos y creencias familiares.
Muchas imágenes están relacionadas con historias que contaba mi familia campesina de raíces españolas, y eran narraciones sobre brujas, inventos para transformar objetos o sustancias, convertir piedras en oro por ejemplo, o la supuesta ubicación de tesoros escondidos, explicó.
 
Cuando nos reuníamos de noche, alguien siempre tocaba aquellos temas y hablaba de aparatos para facilitar la búsqueda de las fortunas ocultas, puntualizó este niño grande que los años y las pasiones llevaron a coleccionar juguetes.
 
En su estudio, próximo a la intersección de las calles Oficio y Obispo, en la Habana Vieja, el artista trabaja rodeado de miniaturas de trenes, camiones de carga, carros de bomberos, grúas, ómnibus, un helicóptero y una escopeta que no alcanzó a disparar en la adolescencia.
 
Para Guzmán la máquina es inseparable del hombre, por eso incluye en sus obras distintos artefactos como piezas de relojes, radios, compases, fonógrafos, viejos proyectores de cine, faroles, rondanas y antiguos instrumentos de laboratorios de física y química.
 
Asegura, empero, ser consciente del valor transitorio de lo material porque cuando el ser humano viaja a espacios diversos, sus posesiones no tienen igual significado para otros.
 
Muchos objetos, símbolos o formas no aparecen a simple vista en sus lienzos, pero las escenas de Guzmán empujan al detenimiento en un mundo donde se mezclan sin límites fantasía y tiempos pasados, aventuras renacentistas, presupuestos naturalistas y signos de la masonería.
 
Compases y lupas, ojos, añejas cerraduras y llaves, estrellas, soles y lunas, comparten el espacio con mariposas, peces, caballos, aves y flores.
 

 

El estilo de Guzmán cruza más por la Europa medieval y renacentista que por la Cuba caribeña y multirracial, las ideas para gran parte de las creaciones brotan de la niñez, de montones de relatos y creencias familiares.
Muchas imágenes están relacionadas con historias que contaba mi familia campesina de raíces españolas, y eran narraciones sobre brujas, inventos para transformar objetos o sustancias, convertir piedras en oro por ejemplo, o la supuesta ubicación de tesoros escondidos, explicó.
 
Cuando nos reuníamos de noche, alguien siempre tocaba aquellos temas y hablaba de aparatos para facilitar la búsqueda de las fortunas ocultas, puntualizó este niño grande que los años y las pasiones llevaron a coleccionar juguetes.
 
En su estudio, próximo a la intersección de las calles Oficio y Obispo, en la Habana Vieja, el artista trabaja rodeado de miniaturas de trenes, camiones de carga, carros de bomberos, grúas, ómnibus, un helicóptero y una escopeta que no alcanzó a disparar en la adolescencia.
 
Para Guzmán la máquina es inseparable del hombre, por eso incluye en sus obras distintos artefactos como piezas de relojes, radios, compases, fonógrafos, viejos proyectores de cine, faroles, rondanas y antiguos instrumentos de laboratorios de física y química.
 
Asegura, empero, ser consciente del valor transitorio de lo material porque cuando el ser humano viaja a espacios diversos, sus posesiones no tienen igual significado para otros.
 
Muchos objetos, símbolos o formas no aparecen a simple vista en sus lienzos, pero las escenas de Guzmán empujan al detenimiento en un mundo donde se mezclan sin límites fantasía y tiempos pasados, aventuras renacentistas, presupuestos naturalistas y signos de la masonería.
 
Compases y lupas, ojos, añejas cerraduras y llaves, estrellas, soles y lunas, comparten el espacio con mariposas, peces, caballos, aves y flores.