Rafael San Juan

Desde los tiempos más remotos, el hombre ha plasmado su paso por este mundo, sus cotidianidades, sufrimientos y pasiones. Los aborígenes lo hacían de la forma más rupestre en rocas o con barro modelando deidades como símbolo de sus creencias, porque la fe, aunque muchos lo nieguen o sean escépticos, es capaz de mover montañas. Así fue el inicio de lo que hoy llamamos arte.
Con el Renacimiento llegó una manera de asumir la escultura al nivel más alto y sublime. Figuras humanas en mármol, bronce y otros materiales parecían hablarnos de tristezas, alegrías, guerras, muertes y amores como el más vivo de los hombres. A la altura del 2020, son muchos los artistas que apuestan por la escultura humana y la abstracta. Y si aterrizamos ese argumento a Cuba sobresalen emblemáticos creadores como Jilma Madera, Rita Longa, Florencio Gelabert, además de Ramón Casas y Roberto Fabelo, junto a Eliseo Valdés, José Villa Soberón, Los Carpinteros, entre muchos otros (la lista sería interminable), a los cuales es preciso añadir un nombre más: Rafael San Juan.
Comencemos por su obra más conocida en Cuba, Primavera, un verdadero éxito en la XII Bienal de La Habana (2015). Ubicada en el amplio malecón de la ciudad, a un lateral del Hotel Douville, la pieza sobresale por su gran tamaño y figuración. Una mujer con rasgos criollos y de semblante austero nos roba la mirada, gracias a la exquisita concepción de su rostro, así como por los detalles en el cuello y la forma en que degrada la obra hasta la base. La figura, además, presenta un gesto muy común en el hombre, el de girar el cabeza en busca de una mejor perspectiva para sus ojos y también se trata de una intención artística, con el propósito de visualizar la obra en toda su magnitud, desde un mejor ángulo.
Características similares presentan las esculturas del artista en Máxima Estudio-Taller. Mujeres Primaveras en mediano formato permiten desentrañar sus atributos, apreciables por el grado de realismo tallado por Rafael San Juan. Un espectáculo para la visión ajena. Una composición de autenticidad para las mentes que ansíen observar la anatomía de uno de los seres más inteligentes del planeta, desde la fuerza del metal. Redescubrir, bajo el halo del arte cubano contemporáneo, la estampa del cuello, los paisajes del oído, las curvas de las cejas y las ondulaciones de la boca es sentirse más vivo y a su vez más legítimo como especie.
Por supuesto, si hablamos de primavera tienen que existir flores, nacimientos y cierta pureza, tres características distintivas en las esculturas del creador, que le conceden espiritualidad a nuestra colección para continuar con la intención de situar al arte cubano en el lugar que merece.
La atracción de Rafael San Juan por la figura humana es su leitmotiv, su sentencia en el arte, su manera personal de vernos como un soplo de vida a través del constante repicar y afinar elementos de la naturaleza (mármol, bronce y otros metales), que han sido testigos de las más heterogéneas musas. Así emergen de su intelecto cuerpos, manos y otras formas creativas en largo camino de uno de los oficios más espectaculares.
Cuando pensamos en el artista, viene a la mente lo más cercano a una sinfonía, a un ir y venir de acordes armoniosos. Sus piezas llegan desde la suavidad y la virtud de originar esculturas que se impregnan en la memoria como un imán para confirmar nuestra conexión con lo divino, no como un ser superior y lejano, sino como parte del pensamiento y sobre todo, de nuestro obrar.
Nacido en La Habana en 1973, Rafael San Juan fue escogido el Hombre del Año en el 2019 por la Fundación Honoris Causa Internacional establecida en México, debido a su excelente trabajo en ese país y otras naciones.

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Desde los tiempos más remotos, el hombre ha plasmado su paso por este mundo, sus cotidianidades, sufrimientos y pasiones. Los aborígenes lo hacían de la forma más rupestre en rocas o con barro modelando deidades como símbolo de sus creencias, porque la fe, aunque muchos lo nieguen o sean escépticos, es capaz de mover montañas. Así fue el inicio de lo que hoy llamamos arte.
Con el Renacimiento llegó una manera de asumir la escultura al nivel más alto y sublime. Figuras humanas en mármol, bronce y otros materiales parecían hablarnos de tristezas, alegrías, guerras, muertes y amores como el más vivo de los hombres. A la altura del 2020, son muchos los artistas que apuestan por la escultura humana y la abstracta. Y si aterrizamos ese argumento a Cuba sobresalen emblemáticos creadores como Jilma Madera, Rita Longa, Florencio Gelabert, además de Ramón Casas y Roberto Fabelo, junto a Eliseo Valdés, José Villa Soberón, Los Carpinteros, entre muchos otros (la lista sería interminable), a los cuales es preciso añadir un nombre más: Rafael San Juan.
Comencemos por su obra más conocida en Cuba, Primavera, un verdadero éxito en la XII Bienal de La Habana (2015). Ubicada en el amplio malecón de la ciudad, a un lateral del Hotel Douville, la pieza sobresale por su gran tamaño y figuración. Una mujer con rasgos criollos y de semblante austero nos roba la mirada, gracias a la exquisita concepción de su rostro, así como por los detalles en el cuello y la forma en que degrada la obra hasta la base. La figura, además, presenta un gesto muy común en el hombre, el de girar el cabeza en busca de una mejor perspectiva para sus ojos y también se trata de una intención artística, con el propósito de visualizar la obra en toda su magnitud, desde un mejor ángulo.
Características similares presentan las esculturas del artista en Máxima Estudio-Taller. Mujeres Primaveras en mediano formato permiten desentrañar sus atributos, apreciables por el grado de realismo tallado por Rafael San Juan. Un espectáculo para la visión ajena. Una composición de autenticidad para las mentes que ansíen observar la anatomía de uno de los seres más inteligentes del planeta, desde la fuerza del metal. Redescubrir, bajo el halo del arte cubano contemporáneo, la estampa del cuello, los paisajes del oído, las curvas de las cejas y las ondulaciones de la boca es sentirse más vivo y a su vez más legítimo como especie.
Por supuesto, si hablamos de primavera tienen que existir flores, nacimientos y cierta pureza, tres características distintivas en las esculturas del creador, que le conceden espiritualidad a nuestra colección para continuar con la intención de situar al arte cubano en el lugar que merece.
La atracción de Rafael San Juan por la figura humana es su leitmotiv, su sentencia en el arte, su manera personal de vernos como un soplo de vida a través del constante repicar y afinar elementos de la naturaleza (mármol, bronce y otros metales), que han sido testigos de las más heterogéneas musas. Así emergen de su intelecto cuerpos, manos y otras formas creativas en largo camino de uno de los oficios más espectaculares.
Cuando pensamos en el artista, viene a la mente lo más cercano a una sinfonía, a un ir y venir de acordes armoniosos. Sus piezas llegan desde la suavidad y la virtud de originar esculturas que se impregnan en la memoria como un imán para confirmar nuestra conexión con lo divino, no como un ser superior y lejano, sino como parte del pensamiento y sobre todo, de nuestro obrar.
Nacido en La Habana en 1973, Rafael San Juan fue escogido el Hombre del Año en el 2019 por la Fundación Honoris Causa Internacional establecida en México, debido a su excelente trabajo en ese país y otras naciones.