Alberto Lago

De alguna u otra forma siempre buscamos en la vida la felicidad, ya sea en el amor, en los hijos, en la profesión, en los animales o los amaneceres…, para el hombre ser feliz es imprescindible y necesario. Entonces, el arte se convierte en una vía para lograr el tan ansiado sentimiento, en una sociedad cada vez más banalizada y demandante.

Alberto Lago, como creador, ha logrado transmutar el éxtasis, la plenitud, la capacidad de conceder alegría y ventura a cada una de sus pinturas. La energía con que llegan sus lienzos es enorme, potente, como un volcán de emociones positivas que se nos viene encima sin poder evitarlo.
Influenciado por el bad paiting de las décadas del 60 y el 70 del siglo XX, el pintor nacido en
Manzanillo, Granma, toma como referente los clásicos del arte universal para combinar lo figurativo con lo abstracto. Surge así un nuevo paisaje que reta a la mente y su capacidad de análisis, ¿hasta dónde lo real?, ¿cuándo comienza lo ficticio?, ¿acaso me encuentro en el intermedio de ambos estados?

La respuesta, si es que acaso la necesitamos, radica en la fuerza del intelecto para dejarse seducir por el cambio, por una pintura que genera una especie de aura seductora, con un efecto casi virgen en la mirada ajena, donde lo sensorial es materia, voluntad y sentimiento. Con Alberto Lago, el arte contemporáneo tiene “un explorador que pinta, un pintor que explora”, le confiesa a Máxima Estudio-Taller.

La descomposición de la luz es el cimiento de las obras que forman parte de la colección Máxima desde el 2020. El mágico número siete es la cifra para el nacimiento de nuevos colores, a partir de la desintegración de este recurso natural (la luz). Pero no se trata de colocar en el lienzo tonalidades de una determinada manera porque lucen elegantes, exóticas y “atractivas”, sino que existe un orden lógico, equilibrado, donde las intenciones pictóricas se complementan entre sí y dependen una de la otra.

En ese escenario aparecen corazones, happy face y otras maneras de manifestar lo bello, desde formas conocidas y populares que abren paso a caminos inexplorados por la mirada humana. No todos los artistas se atreven a pintar con colores fluorescentes (una constante en el trabajo de Lago), no todos tiene éxito, no todos son capaces de ponernos delante un espejo de felicidad. La intención del pintor es expandir consciencias, poner el amor como estandarte, como principio y fin de un sendero. Extendamos los brazos sin miedos para recibir este regalo creativo.

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De alguna u otra forma siempre buscamos en la vida la felicidad, ya sea en el amor, en los hijos, en la profesión, en los animales o los amaneceres…, para el hombre ser feliz es imprescindible y necesario. Entonces, el arte se convierte en una vía para lograr el tan ansiado sentimiento, en una sociedad cada vez más banalizada y demandante.

Alberto Lago, como creador, ha logrado transmutar el éxtasis, la plenitud, la capacidad de conceder alegría y ventura a cada una de sus pinturas. La energía con que llegan sus lienzos es enorme, potente, como un volcán de emociones positivas que se nos viene encima sin poder evitarlo.
Influenciado por el bad paiting de las décadas del 60 y el 70 del siglo XX, el pintor nacido en
Manzanillo, Granma, toma como referente los clásicos del arte universal para combinar lo figurativo con lo abstracto. Surge así un nuevo paisaje que reta a la mente y su capacidad de análisis, ¿hasta dónde lo real?, ¿cuándo comienza lo ficticio?, ¿acaso me encuentro en el intermedio de ambos estados?

La respuesta, si es que acaso la necesitamos, radica en la fuerza del intelecto para dejarse seducir por el cambio, por una pintura que genera una especie de aura seductora, con un efecto casi virgen en la mirada ajena, donde lo sensorial es materia, voluntad y sentimiento. Con Alberto Lago, el arte contemporáneo tiene “un explorador que pinta, un pintor que explora”, le confiesa a Máxima Estudio-Taller.

La descomposición de la luz es el cimiento de las obras que forman parte de la colección Máxima desde el 2020. El mágico número siete es la cifra para el nacimiento de nuevos colores, a partir de la desintegración de este recurso natural (la luz). Pero no se trata de colocar en el lienzo tonalidades de una determinada manera porque lucen elegantes, exóticas y “atractivas”, sino que existe un orden lógico, equilibrado, donde las intenciones pictóricas se complementan entre sí y dependen una de la otra.

En ese escenario aparecen corazones, happy face y otras maneras de manifestar lo bello, desde formas conocidas y populares que abren paso a caminos inexplorados por la mirada humana. No todos los artistas se atreven a pintar con colores fluorescentes (una constante en el trabajo de Lago), no todos tiene éxito, no todos son capaces de ponernos delante un espejo de felicidad. La intención del pintor es expandir consciencias, poner el amor como estandarte, como principio y fin de un sendero. Extendamos los brazos sin miedos para recibir este regalo creativo.