Douglas Pérez Castro

Cuba ha sido definida por el tercer descubridor de la Isla, don Fernando Ortiz, como un “ajiaco”, debido la pluralidad de culturas que convergen en la nación. Plasmar esa multiplicidad de esencias en el arte no es tarea para novatos y más aún por tratarse de un país complejo y diverso.
 
En ese contexto, Douglas Pérez Castro ha sabido encontrar la manera efectiva y elegante de reflejar nuestras tradiciones. Construye diálogos con una fuerte carga histórica, donde es posible advertir un riguroso ejercicio de imaginación y al mismo tiempo un estudio minucioso de quienes fuimos.
 
El humor es otro de sus recursos en el arte, le permite alegrar “el momento” frente a sus obras, porque la vida se construye de a poco, de ratos de felicidad y al final del día es preferible recordar lo placentero.
 
Douglas parece pintar a lo grande, sin temor a que el gran formato pueda distorsionar su propuesta. Así la mirada crece y con ello el pensamiento. Vale destacar también que domina el pequeño y medio formato con el mismo talento.
 
Su cosmos creativo no se limita solo a lo histórico, ya que es capaz de desdoblarse y dar vida a una realidad alienada, distópica y distinta a los cánones establecidos de las sociedades.
 
Obras como Troyano, Picazzo, La República Habanera y La Ciudad de las Oportunidades —entre otras que se encuentran dentro del catálogo de Máxima Estudio-Taller— poseen una potente carga visual por su contenido y su relación con lo ficcional. El hombre, cansado de tanta cotidianidad, encuentra aquí una puerta abierta a otro mundo, un oasis para hacer más fértil a su imaginación.  
 
Pérez Castro también es un conversador nato, un artista que parece dominar el tiempo a su favor y producir gran cantidad de obras, cada una diferente en símismas desde lo sensorial, lo utópico y lo racional. El artista es uno de esos seres extraños atrído por los experimentos que pueden emanarse del arte. 
 
Frase de Douglas Pérez Castro: "El proceso de pintar te exige estar durante mucho tiempo comiéndote a ti mismo, en una especie de autofagia".
 

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Cuba ha sido definida por el tercer descubridor de la Isla, don Fernando Ortiz, como un “ajiaco”, debido la pluralidad de culturas que convergen en la nación. Plasmar esa multiplicidad de esencias en el arte no es tarea para novatos y más aún por tratarse de un país complejo y diverso.
 
En ese contexto, Douglas Pérez Castro ha sabido encontrar la manera efectiva y elegante de reflejar nuestras tradiciones. Construye diálogos con una fuerte carga histórica, donde es posible advertir un riguroso ejercicio de imaginación y al mismo tiempo un estudio minucioso de quienes fuimos.
 
El humor es otro de sus recursos en el arte, le permite alegrar “el momento” frente a sus obras, porque la vida se construye de a poco, de ratos de felicidad y al final del día es preferible recordar lo placentero.
 
Douglas parece pintar a lo grande, sin temor a que el gran formato pueda distorsionar su propuesta. Así la mirada crece y con ello el pensamiento. Vale destacar también que domina el pequeño y medio formato con el mismo talento.
 
Su cosmos creativo no se limita solo a lo histórico, ya que es capaz de desdoblarse y dar vida a una realidad alienada, distópica y distinta a los cánones establecidos de las sociedades.
 
Obras como Troyano, Picazzo, La República Habanera y La Ciudad de las Oportunidades —entre otras que se encuentran dentro del catálogo de Máxima Estudio-Taller— poseen una potente carga visual por su contenido y su relación con lo ficcional. El hombre, cansado de tanta cotidianidad, encuentra aquí una puerta abierta a otro mundo, un oasis para hacer más fértil a su imaginación.  
 
Pérez Castro también es un conversador nato, un artista que parece dominar el tiempo a su favor y producir gran cantidad de obras, cada una diferente en símismas desde lo sensorial, lo utópico y lo racional. El artista es uno de esos seres extraños atrído por los experimentos que pueden emanarse del arte. 
 
Frase de Douglas Pérez Castro: "El proceso de pintar te exige estar durante mucho tiempo comiéndote a ti mismo, en una especie de autofagia".