Alfredo Sosabravo

Alfredo Sosabravo (Villa Clara, 1930), pintor, dibujante, grabador y ceramista, considerado como uno de los artistas cubanos más importantes de las artes visuales en Cuba. Premio Nacional de Artes Plásticas en 1997.
 
La historia de las artes plásticas de Cuba en el siglo XX no puede construirse sin el discurso de Alfredo Sosabravo, sin su maestría y genialidad para encantar desde el primer momento. Después de varios intentos como escritor de cuentos, publicados en algunas ocasiones, pasando por el Conservatorio de Música Amadeo Roldán, el destino hasta aquel momento con jugadas imprecisas, cambió los hilos de su vida, cuando conoció en los años 50, la obra de otro grande de su tierra natal, Wifredo Lam.
 
A partir de entonces Sosabravo se convertiría en el hombre que nos regaló destellos de alegría, colores y figuras perfectas con gran exquisitez y originalidad impresionante.
 
Si hiciéramos un estudio de las grandes obras en la Isla, en materia de artes plásticas —y el camino es bien frondoso en ese sentido— ninguna se asemeja al arte de Sosabravo, porque él es único en su clase. Sus fuentes de inspiración se hallan en la flora y en el reino animal. Se trata de una constante oda a la belleza, mediante expresiones bidimensionales y tridimensionales que dejan al espectador estupefacto y mueven las emociones hacia la realidad ilusoria que proyectan sus pinturas.
 
De cómo el maestro lo logra, habrá que realizar una investigación profunda. Si se piensa en Sosabravo, no hay nada más parecido a un niño que busca siempre hacer felices a lo demás.
 
Frase de Alfredo Sosabravo: “A nadie le cae el estilo del cielo, hay que experimentar y evolucionar. Es un proceso de búsqueda continua en el cual el artista puede observar y analizar su consolidación”.

 

Alfredo Sosabravo (Villa Clara, 1930), pintor, dibujante, grabador y ceramista, considerado como uno de los artistas cubanos más importantes de las artes visuales en Cuba. Premio Nacional de Artes Plásticas en 1997.
 
La historia de las artes plásticas de Cuba en el siglo XX no puede construirse sin el discurso de Alfredo Sosabravo, sin su maestría y genialidad para encantar desde el primer momento. Después de varios intentos como escritor de cuentos, publicados en algunas ocasiones, pasando por el Conservatorio de Música Amadeo Roldán, el destino hasta aquel momento con jugadas imprecisas, cambió los hilos de su vida, cuando conoció en los años 50, la obra de otro grande de su tierra natal, Wifredo Lam.
 
A partir de entonces Sosabravo se convertiría en el hombre que nos regaló destellos de alegría, colores y figuras perfectas con gran exquisitez y originalidad impresionante.
 
Si hiciéramos un estudio de las grandes obras en la Isla, en materia de artes plásticas —y el camino es bien frondoso en ese sentido— ninguna se asemeja al arte de Sosabravo, porque él es único en su clase. Sus fuentes de inspiración se hallan en la flora y en el reino animal. Se trata de una constante oda a la belleza, mediante expresiones bidimensionales y tridimensionales que dejan al espectador estupefacto y mueven las emociones hacia la realidad ilusoria que proyectan sus pinturas.
 
De cómo el maestro lo logra, habrá que realizar una investigación profunda. Si se piensa en Sosabravo, no hay nada más parecido a un niño que busca siempre hacer felices a lo demás.
 
Frase de Alfredo Sosabravo: “A nadie le cae el estilo del cielo, hay que experimentar y evolucionar. Es un proceso de búsqueda continua en el cual el artista puede observar y analizar su consolidación”.