René Francisco

Siempre que se aborde  el fascinante tópico, arte- pedagogía, saltará a la vista, en el contexto cubano y latinoamericano, la necesaria alusión a la obra creadora de René Francisco, Premio Nacional de Artes Plásticas.

Su labor es  el fruto de un humanista del siglo XX que  hilvanó en fino tejido la creación como proceso ingente unida al oficio  del maestro y a su rol ético. Desde esta dinámica que abrió derroteros a la pedagogía del arte en Cuba, René Francisco colocaba un nuevo escalón en la espiral  de una tradición que entiende el arte como compromiso y al artista como un actor social.

Mirándole a los ojos uno intuye en René Francisco a un alma noble. Luego de conocer su obra y la poética que ha animado sus piezas, se comprende mejor la dimensión ecuménica de su pensamiento. El quehacer del artista ha ido en aumento con el paso de los años. Hoy su pensamiento propositivo es una lección de vida para el arte contemporáneo cubano, interesado en convertir la crónica en documento sin necesidad de renunciar a la agudeza y al imperio de la imaginación.

Siempre que se aborde  el fascinante tópico, arte- pedagogía, saltará a la vista, en el contexto cubano y latinoamericano, la necesaria alusión a la obra creadora de René Francisco, Premio Nacional de Artes Plásticas.

Su labor es  el fruto de un humanista del siglo XX que  hilvanó en fino tejido la creación como proceso ingente unida al oficio  del maestro y a su rol ético. Desde esta dinámica que abrió derroteros a la pedagogía del arte en Cuba, René Francisco colocaba un nuevo escalón en la espiral  de una tradición que entiende el arte como compromiso y al artista como un actor social.

Mirándole a los ojos uno intuye en René Francisco a un alma noble. Luego de conocer su obra y la poética que ha animado sus piezas, se comprende mejor la dimensión ecuménica de su pensamiento. El quehacer del artista ha ido en aumento con el paso de los años. Hoy su pensamiento propositivo es una lección de vida para el arte contemporáneo cubano, interesado en convertir la crónica en documento sin necesidad de renunciar a la agudeza y al imperio de la imaginación.