Alejandro Gómez Cangas

El hombre ha sentido siempre la necesidad de formar parte de un colectivo. El pensamiento en manada existe desde tiempos inmemoriales y nos ha llevado, como especie, por caminos de luces y sombras. Al fin y al cabo, vivimos en un mundo de polos opuestos y nada es ajeno a la dualidad de pensamientos y vivencias.

La individualidad llegó después, con la época moderna y aun así necesitamos de la sociedad para identificarnos con credos, conductas y determinadas formas de pensar. No es extraño entonces que el artista Alejandro Gómez Cangas pinte multitudes como centro de su obra.

En el caso del creador, digamos que presenta una vivencia doble, por así decirlo. Gómez Cangas nace en 1986 (Villa Clara) y crece en un contexto mediado por las concentraciones políticas, marchas y actos masivos, como resultado del accionar de Cuba en su día a día. Las multitudes, le son demasiado cercanas a sus experiencias de vida.

Algo sucede con Gómez Cangas y es el efecto de luz que le concede a sus piezas. En el lugar indicado del cuerpo o en las atmósferas de sus pinturas, enfoca los ángulos precisos donde la luz o su resplandor tiene múltiples efectos visuales. Los continuos días resplandecientes hasta el cansancio son parte de la cotidianidad en Cuba, porque el sol se ha empeñado con mostrarse en el Caribe, queramos o no, necesitemos o no de su energía. Entonces podemos entender y analizar mejor esa necesidad del artista por reflejar la luz, como fenómeno de la naturaleza, en la anatomía humana.

No son figuras estáticas las de Alejandro Gómez Cangas, en ellas hay movimiento, acción y cierto ambiente que genera empatía, porque las acciones descritas en las obras son demasiado comunes y, por tanto, el otro siempre se encuentra representado.

El óleo sobre lienzo es su técnica preferida, así como el gran formato, donde no escatima ni tampoco tiene preferencia con representar personas en específico, o sea, en sus piezas se observan jóvenes, ancianos, afrodescendientes, en fin, todo tipo de individuos. Don Fernando Ortiz nos definió como un ajiaco y esa afirmación la devuelve el creador a través de sus motivos pictóricos.

“La masa no se representa como algo anónimo o impersonal”, nos dice Alejandro, “sino como un compuesto, abunda en detalles, ambiciona unos minutos de contemplación. La diversidad de personas convierte entonces un punto de atención, reparar en cada uno, detener la mirada”, especifica.

En el año 2012, Gómez Cangas se graduó de la Universidad de las Artes (ISA) y sus primeros estudios vinculados a la pintura fueron en la Academia Profesional Leopoldo Romañach de Villa Clara. A lo largo de su carrera ha expuesto en Italia, Perú, Suiza, Líbano, Cuba y otros países.

El hombre ha sentido siempre la necesidad de formar parte de un colectivo. El pensamiento en manada existe desde tiempos inmemoriales y nos ha llevado, como especie, por caminos de luces y sombras. Al fin y al cabo, vivimos en un mundo de polos opuestos y nada es ajeno a la dualidad de pensamientos y vivencias.

La individualidad llegó después, con la época moderna y aun así necesitamos de la sociedad para identificarnos con credos, conductas y determinadas formas de pensar. No es extraño entonces que el artista Alejandro Gómez Cangas pinte multitudes como centro de su obra.

En el caso del creador, digamos que presenta una vivencia doble, por así decirlo. Gómez Cangas nace en 1986 (Villa Clara) y crece en un contexto mediado por las concentraciones políticas, marchas y actos masivos, como resultado del accionar de Cuba en su día a día. Las multitudes, le son demasiado cercanas a sus experiencias de vida.

Algo sucede con Gómez Cangas y es el efecto de luz que le concede a sus piezas. En el lugar indicado del cuerpo o en las atmósferas de sus pinturas, enfoca los ángulos precisos donde la luz o su resplandor tiene múltiples efectos visuales. Los continuos días resplandecientes hasta el cansancio son parte de la cotidianidad en Cuba, porque el sol se ha empeñado con mostrarse en el Caribe, queramos o no, necesitemos o no de su energía. Entonces podemos entender y analizar mejor esa necesidad del artista por reflejar la luz, como fenómeno de la naturaleza, en la anatomía humana.

No son figuras estáticas las de Alejandro Gómez Cangas, en ellas hay movimiento, acción y cierto ambiente que genera empatía, porque las acciones descritas en las obras son demasiado comunes y, por tanto, el otro siempre se encuentra representado.

El óleo sobre lienzo es su técnica preferida, así como el gran formato, donde no escatima ni tampoco tiene preferencia con representar personas en específico, o sea, en sus piezas se observan jóvenes, ancianos, afrodescendientes, en fin, todo tipo de individuos. Don Fernando Ortiz nos definió como un ajiaco y esa afirmación la devuelve el creador a través de sus motivos pictóricos.

“La masa no se representa como algo anónimo o impersonal”, nos dice Alejandro, “sino como un compuesto, abunda en detalles, ambiciona unos minutos de contemplación. La diversidad de personas convierte entonces un punto de atención, reparar en cada uno, detener la mirada”, especifica.

En el año 2012, Gómez Cangas se graduó de la Universidad de las Artes (ISA) y sus primeros estudios vinculados a la pintura fueron en la Academia Profesional Leopoldo Romañach de Villa Clara. A lo largo de su carrera ha expuesto en Italia, Perú, Suiza, Líbano, Cuba y otros países.